Más noticias desde Rosario (Argentina), escribe Graciela Juárez

Hola Amalia, te envío la nota que nos hicieron en el Suplemento de Cultura del Diario La Capital. Estamos muy contentas y creo que a vos tambien te va a gustar. Estaría interesante poder subirla al blog del Club Argentino de Kamishibai. Ojalá tengas el modo de hacerlo. Te envío el enlace siguiente: Nota de Lara Pellegrini: Diario La Capital – Suplemento Señales (domingo 7 de octubre, 2012)http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2012/10/edicion_194/contenidos/noticia_5061.html Abrazos, GRA Domingo, 07 de octubre de 201201:00 Viaje a través de la pintura (Por Lara Pellegrini). _ Graciela Juárez y Natacha Kaplún retoman una antigua expresión de la cultura japonesa para presentar una adaptación de Seda, la novela de Alessandro Baricco. Homenaje. Los dibujos que acompañan al relato citan a maestros del arte europeo y oriental. En bicicleta se arrima a la plaza central del pueblo, despliega su teatrillo de madera y anuncia que la función está por comenzar. Toc, toc, toc, toc claman los hyoshigi. Llegó el momento. Los niños se acomodan arrebatados de ansiedad por su caramelo y por el misterioso viaje que —saben— están a punto de emprender. Una voz hilvana amores y aventuras mientras la serie de dibujos esboza algunos anclajes ilustrativos con sus sutiles trazos. Después, el abismo, el mundo. Las mentes son invitadas a surcar su camino como serpientes de arena. No hay nunca uno igual a otro. O al menos, nunca lo sabremos. Ni cine, ni tevé. Siquiera trenes ni fotografía. La génesis más pura de la imagen en movimiento sea quizá la imaginación. Japón, siglo XII y esa imperiosa necesidad humana de contar historias. Existe en Rosario el teatro Kamishibai, una expresión popular japonesa que llegó a estas tierras a raíz de un encuentro casual y un recuerdo de infancia. Se trata de una puesta en escena mínima: una caja de madera oficia de escenario, soporte de una serie de dibujos que acompañan el avance de la historia detallando en sus trazos algunas de las escenas narradas. La voz del cuentista —o gaito kamishibaiya— flota, cálida. La historia circula entre la prolija geometría roble y el misterio fantástico que promete todo aquello que se encuentra escondido en una caja de madera. “En estos tiempos de bombardeo de imagen, donde el espectador recibe todo masticadito y procesado, hay poco lugar para que suceda otra cosa”, reflexiona Graciela Juárez, quien junto a Natacha Kaplún sostiene este espacio poético y lúdico, Teatro Kamishibai Rosario, y presenta Seda, una adaptación del libro homónimo de Alessandro Baricco. Casi no hay cuerpo en acción, la presencia de las narradoras prefiere ausentarse y librar al espectador a volar con la historia, sin intermediarios ni condicionamientos. “Lo que proponemos es un paréntesis en el tiempo —afirma Natacha Kaplún—. Nosotras estamos casi invisibilizadas porque queremos desaparecer para que el espectador haga su trabajo”. La imagen de una muchacha —”arce en primavera los cabellos, la mirada baja y una túnica clara”— oficia de disparador. La escena relatada desde las penumbras se eleva en voz por sobre el cuerpo representado, lo rodea, lo envuelve, lo arropa; y con la cadencia mansa de una pluma se desliza hacia los intersticios imaginarios de los espectadores. Cada cual elige el camino. Hechos a mano y sin correcciones, los dibujos que acompañan el relato fueron diseñados por Natacha Kaplún y cuidadosamente hilvanados con el entramado del texto. Homenajean a maestros de la pintura europea y japonesa, como Van Gogh, Klimt, Monet e Hiroshige, retomando obras clásicas para representar las escenas de la historia. Una tarea que llevó tres años de trabajo, entre la adaptación del escrito, a cargo de Juárez, y la composición de imágenes. “La historia está narrada cuando los puertos de Japón abren comercio con Occidente y empiezan a llegar las estampas japonesas, influenciando a muchos artistas. Estos dos mundos tienen una conexión, hay un viaje a través de la pintura”, agrega Kaplún. La propuesta del dúo difiere en parte del uso tradicional de la técnica teatral, utilizada principalmente como herramienta lúdica y didáctica para el trabajo con niños. Ellas lo hacen para adultos. “Es un mimo”, dicen. Extendido ya en varios rincones del mundo, el teatro Kamishibai originalmente se realizaba en parques y plazas de Tokio para público infantil. El cuentista se acercaba en bicicleta y vendiendo dulces, sin dudas se aseguraba de esa manera una buena cantidad de espectadores. Con el golpeteo seco de dos varillas de madera anunciaba que el show estaba a punto de empezar; desplegaba el teatrillo que acarreaba en la parte trasera de su móvil y comenzaba el relato acompañado de imágenes. La ancestral técnica data del siglo XII y retomó su auge entre 1920 y 1940 cuando una gran crisis la posicionó como alternativa laboral. “Es la manera que encontramos para proponerle a la gente entrar en otro tiempo, de desacelerar, recuperar para los adultos un círculo de lectura, un encuentro cercano. Cuando uno escucha el relato empieza a escuchar sus propios personajes, porque la lectura y la puesta abren ese espacio, no están cubriendo todos los blancos”, infiere Natacha. Fue Graciela Juárez quien un día se topó con esta curiosa manera de narrar historias y recordó cuando pequeña cortaba las tiras de historietas y, disponiéndolas en una caja, las hacía girar. Había encontrado entonces una manera de decir. Años después, la había rencontrado y fue mágico: “Nosotras dos trabajábamos juntas en el Museo Estévez y se hizo una muestra sobre Japón con la idea de hacer referencia a toda la cultura japonesa: se mostró la literatura, la danza, la comida, el teatro”. En esa ocasión llegaron artistas del Club Argentino de Kamishibai de Buenos Aires, fundado por Amalia Sato, a dar una función. “Cuando lo conocí recuperé algo de mi infancia, fue una conexión con un pasado muy lejano”, asegura Juárez. Algo de la niñez pulula en el aire mientras la historia avanza entre Francia y Japón, desencuentros y erotismo. Las aventuras de Hervé Joncour despiertan esa conexión primitiva con la oralidad, agudizando sentidos a veces opacados por la hegemonía de la mirada. Olores, texturas y colores inventados. Una voz que guía. Los nenúfares surcan calmos las aguas infinitas del lago que supo ver Monet. En CaMp, Suipacha y Jujuy, el 12, 13 y 27 de octubre a las 21.

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